sábado, 12 de abril de 2025

The Fourth Age, Byron Reese, Atria Books 2018, primera edición de tapa dura

Durante la pandemia tuve un ataque de lectura voraz. Igualmente les aclaro que soy una lectora voraz de tiempo completo ya que suelo comerme unos 60 libros al año. Pero en 2020, y sin nada que hacer más que sobrealimentar mi cuerpo y curar con lectura mi ansiedad, leí más de 100. Confieso que el ritmo de lectura fue enloquecedor y sin medir qué leía y para qué. Y así llegamos al libro que nos ocupa hoy y que leí en 2020, The Four Age, que no viene a agregar nada ni descubre la pólvora sobre la evolución humana, los cambios que la tecnología inyecta a su paso, y cómo interactuamos con las invenciones y la aplicación de ellas en la vida cotidiana, profesional, científica y social. 

Reese identifica 4 momentos claros dentro de la historia de la humanidad y los saltos evolutivos y tecnológicos que han marcado nuestro paso por este planeta (nada nuevo, como ya dije):

1- Aparición del lenguaje y el fuego, hace 100 mil años atrás.
2- Aparición de ciudades y agricultura, hace 10 mil años atrás.
3- Aparición de la escritura, hace 5 mil años atrás.
4- Y acá estamos, en el siglo XXI y con la revolución de los robots y la IA.

Antes de seguir les aclaro algo: el libro es de 2018 y al momento de escribir estas líneas es el año 2025 y algunas cosas que planteaba y plantea Reese ya quedaron desfasadas. Igualmente, me gustaría darles una síntesis de aquello que este reputado experto en IA, futurista y empresario tecnológico condensó en el libro con respecto a IA y los robots:

- La IA no puede contextualizar, sobre todo porque nosotros somos impredecibles (100 personas actúan distinto frente a una misma situación) y eso la desorienta. Además nosotros tenemos algo llamado ´aprendizaje por transferencia´, y eso la IA no lo tiene, aún.
- La IA no improvisa ni es creativa. 
- La IA es buenísima si tiene todos los datos que necesita. Si no los tiene, puede hacer una catástrofe ya que duplicará el error.
- La IA no es versátil por más que parezca que sí.
- La IA no entiende qué hace. Le podemos ordenar que escriba música, pinte, escriba o haga cálculos, pero no sabe porqué hace lo que hace. Por ejemplo: cuando dice YO, no sabe que no es un YO. Y otra: cuando la IA se mire al espejo, ¿se reconocerá?

También me gustaría comentar que este autor está muy en sintonía con otro científico al que ya reseñé y que ha pasado por este humilde blog: Ray Kurzweil. Ambos eruditos comparten visión y teoría sobre algunos temas como ser:
- Que somos robots de carne y hueso con software y hardware.
- Que nuestro cuerpo, la IA y robótica se entrelazarán y serán uno. Es decir, que vida + IA=singularidad. 
- Que la IA llegará a tener conciencia, podremos subir nuestro cerebro a una nube y seremos inmortales en un futuro mediato.

El libro también toca otras cuestiones como ser la hipótesis Gaia (¿La tierra se autorregula a sí misma?); y otras preguntas que se hace el autor son, ¿la conciencia es biológica?; ¿el progreso de aquí en más traerá mejoras a toda la humanidad?; y de manera práctica y fácil nos explica la paradoja de Polanyi (somos todos muy habilidosos pero con diferentes capacidades, esa es la razón que exista o haya existido Tesla, Einstein o Curie); y por qué el algoritmo de Amazon sabe qué ofrecerte pero no sabe qué necesitás. 












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